La Guzmán Textual

A La Guzmán se le exige ser santa

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A LA GUZMÁN SE LE EXIGE SER UNA ESTRELLA DEL ROCK, UN EJEMPLO ÉTICO, UNA MADRE EJEMPLAR. A LA GUZMÁN SE LE EXIGE SER UNA SANTA.

¡Apunten, disparen, fuego! Así, así me parece que en estos últimos días señalan, juzgan y acribillan a la familia Guzmán. Sí, la familia Guzmán, la que formó Alejandra con su sola presencia y nombre; porque quien debió estar estaba ausente.

Admiro a Alejandra como artista, como cantante, como esa presencia escénica que pisa un escenario y se convierte en majestuosidad, en fuerza, en provocación. No conozco a La Guzmán como ser humano, tampoco como mujer y mucho menos como madre. Pero me bastan algunas cosas para creer que ella no es santa, pero tampoco desalmada. Una vez más lo declararé: Soy fan de La Guzmán y solo como fan puedo referirme a ella

Un asunto tan privado se volvió público. El reclamo de una hija hacia una madre llenó espacios televisivos, redes sociales, comunicados; el asunto se ha intensificado cada vez más. Y todos, como jueces incorruptibles terminamos por emitir una sentencia.

Exigimos que Alejandra no se equivoque, porque ahora ya no le exigimos en un escenario, ahora pareciera que esperamos que ella sea algo así como un ejemplo de mártir o una figura ligada a la santidad. Humana, Alejandra, yo te quiero humana.

No puedo negar que me molesta ver a La Guzmán cuestionada, señalada. La imagino en la “silla de los acusados”, a punto de ser herida y, aun así, mirar de frente a quien la condena. La Guzmán en medio del padre y  la hija y, como en una especie de circo romano, un público que grita despiadado lo que para nuestros patrones éticos y de conducta La Guzmán “debería” ser y hacer. ¿Pues quiénes nos hemos creído?  Y ella, La Guzmán, en el centro de luchas desenfrenadas y rencores; encarando, como siempre sola, la situación.

Ahora todo mundo habla: los que ofendieron, los que nunca creyeron, los que jamás han comprado un disco y hasta los ausentes, ¿dónde estaban todo este tiempo? Qué fácil atacar, qué difícil defender.

La presencia terminó por cuestionarse más que la ausencia. Confieso que me hubiera encantado que La Guzmán saliera a decir: “Creo en mi hija”. Siempre me he inclinado hacia el romanticismo y las escenas idílicas. Sin embargo, si Alejandra no lo hizo; sus razones tendrá.

Yo no puedo ni quiero, ni a nadie le interesa si meto o no las manos al fuego por el señor Enrique Guzmán o por Frida. Si mis manos se han de quemar, será por Alejandra. Pero así, como la idealización de madre e hija en eterna armonía me hubiera emocionado hasta la casi suspensión del aliento, me emociona ver a Enrique y Alejandra Guzmán juntos, siempre juntos.

No tengo la más pálida idea de la verdadera relación entre padre e hija, pero los he visto en un escenario, porque como fan de La Guzmán, no pude más que emocionarme cuando por allá del 2003 Alejandra y Enrique Guzmán compartieron un Auditorio Nacional. Me gusta ver a Enrique presente, siempre presente cuando Alejandra tiene alguna situación de salud. El recuerdo de una Alejandra Guzmán en la Arena ciudad de México abrazada a su padre me hizo aplaudir. Desde lo más recóndito en mí, habría enloquecido porque Frida hiciera lo mismo…

Claro, me habría encantado tener más recuerdos en mi memoria de madre e hija, como aquella vez en que Frida, con la garra y fuerza que siempre ha demostrado, fue capaz de enfrentarse a un país entero por defender a su mamá. ¿Recuerdan aquella entrevista en Perú?, ¿recuerdan cómo reaccionó Frida? Estoy segura que esa Frida es la Frida de verdad.

Nunca olvido cuando alguien habla mal de La Guzmán, pero esta vez, he de olvidar los insultos de Frida hacia Alejandra. He de olvidar que ni los mismos detractores se han referido así de la rockera, he de ignorarlo porque creo también en Frida, porque yo también entiendo del enojo y el rencor.

Nadie debería albergar ni un solo recuerdo de ningún tipo de violencia en su corazón. Confío en que la verdad devuelva la paz a esa familia; porque para mí, Frida es y seguirá siendo la hija de La Guzmán y no dudo que sea tan grande como su madre. Tan grande como una Alejandra que aun siendo señalada por su propia sangre se ha asegurado por que su única hija duerma bajo un techo seguro.

Creo en Frida y aún más en Alejandra. Creo en el diálogo, en el amor y el perdón. No dudo que pronto, la “princesa del Rock” pisará un escenario, saldrá de entre el hielo seco como quien sale de las tinieblas porque es luz, siempre luz. Imagino a la “Reina del Rock” extendiendo su mano para sostener a su única hija frente a todos los que las enjuiciaron, los que las confrontaron, los que las hirieron. Imagino las miradas atónitas de todos nosotros, los que no las queremos santas, sino humanas solo humanas.

No puedo escribir #Fridayotecreo tampoco #Fridamiente. Hoy solo estoy de lado de La Guzmán y mañana; mañana también.

 

 

 

 

 

 

 

 

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